sábado, 15 de septiembre de 2012


Este fue uno de los primeros poemas que me hizo amar la poesía  a mis 9 años, sollozaba de dolor y sentía una herida. Hoy sé, que era la percepción mágica de un futuro tormentoso en el amor.

No quiero que te vayas
dolor, ultima forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aqui, mas lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tu,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.

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