Y un día te levantas, te das de cara con el olvido, una Ventana fría y cerrada que algún día luchaste por no dejar cerrarse. Te miro, tu orgullo imponente golpea con fuerza mis verdades. Te saben a tierra, peor que una plasta de mierda en mitad del camino, sonríes, pierdes la calma. Arrancas a andar. Calmo mi angustia con mis razones, con mi deseo por vivir bien, amarme esta vez y no colocarte delante de mí. Tu egoísmo avanza, sigue tu vida firme y altiva, trato de ignorar mis lágrimas que han armado un cambuche en mi rostro, trato de esquivar tus palabras que son razonables ante lo que crees real. Pero pierdes aunque no lo sepas, ya no me conoces y lo que crees saber de mí, no existe. Los malos momentos alimentados de un dolor que no has sabido curar, será el abono para el cadáver de nuestro amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario