El tiempo pasa y de la mano van nuestros años decayendo; La juventud nos envuelve solo por un instante y aprendemos cosas valiosas si realmente miramos que es lo que está debajo de la superficie; ahora que ha pasado el tiempo y sé que he vivido algo me siento extraña en estos tiempos, añoro la buena música, los viejos amigos; compartir un relato, libros, un café, un te odio directo y sin compasión; el sexo salvaje, los parciales, las vacas para almorzar o hacer la botella, la sincronía de las miradas coquetas, no quiero esa consecuencia de un amor correspondido a medias, no quiero amores de alquiler, ni besos que no me estremecen; estos tiempos están colmados de superficialidad, pasamos inmersos en el estrés de vivir en un mundo tan inútil, tan plástico y que lo mejor que nos podría pasar es que nos llegue la muerte al alcanzar el orgasmo después de masturbarnos.
Estos tiempos apagan el calor humano, volviéndonos zombies, o aparatejos mecánicos que viven el día, solo para despertar, trabajar, comer y dormir.
Extraño esos instantes en donde me sentía viva, donde las pequeñas cosas eran las que valían la pena, solo amaba las cosas sencillas y no las dejaba de lado. Por eso hoy somos tan infelices, pasamos por el mundo pendientes de cosas vánales, de lo delgada que estas mariana, de lo fea que es la novia de fulano, de la pinta tan ridícula que tiene sutana.
Pasamos todo el día enfrente a una maquina, que día a día como hordas de zombies devora el cerebro de los jóvenes, viviendo en un mundo irreal y plástico, metidos de cabeza en el consumismo, no nos percatamos que muy cerca a nosotros esta la ventana, con los pájaros cantando, con un día soleado; una realidad tangible que nos invita a respirar el aire fresco, a compartir con el otro, y a vivir realmente, vivir que es lo único que podemos hacer para sentirnos plenos.
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