Tu recuerdo se aloja en mi memoria rocía poco a poco con su amarga ausencia mi garganta, gota a gota destruye mi determinación. martes, 31 de enero de 2012
Circulaciones Agobiantes
Tu recuerdo se aloja en mi memoria rocía poco a poco con su amarga ausencia mi garganta, gota a gota destruye mi determinación. jueves, 19 de enero de 2012
Despacio
Se me apaga tu cuerpo entre las manos
tan despacio.
Pavesa diminuta, luz efímera
tu amor, aunque me empeñe en sustentarlo.
Tan despacio te pierdo.
Y hasta el dolor que aferro con argucias
se vuelve limitado y manejable.
Tan despacio te pierdo,
con tanta exactitud,
irrevocablemente.
De "Alcoba del agua" 2002 Josefa Parra
Cosas que no tendremos
Las mañanas de abril largas de amor y sueño.
Las tardes de noviembre con lluvia interminable.
Las noches del verano tercamente estrelladas.
Todas las madrugadas dulcísimas de otoño.
Cosas que me he perdido:
No sabré del sabor de tu boca dormida.
No acunaré a tus hijos. No beberé tu vino.
No lloraré contigo viendo ningún ocaso.
No me amanecerá tu vientre entre las sábanas.
Tengo todo un tesoro de lagunas y ausencias,
un muestrario completo de páginas en blanco.
De "Alcoba del agua" 2002 Josefa Parra
Poemas de Josefa parra
I -Del tacto
Acércate despacio a mis dominios;
que tus dedos tanteen el espacio
ciegamente, la oscuridad que envuelve
mi cuerpo; que construyan un camino
y lleguen hasta mí a través del velo
espeso y taciturno de las sombras.
Sálvame con la luz que hay en tus dedos
si me tocan, conjura la desidia,
enciéndeme o abrásame en el tacto
esplendoroso y claro de tus manos.
Como las mariposas de la noche,
hacia la llama iré que tú convocas,
que prefiero quemarme a estar a oscuras.
II -Del olfato
La vainilla; el espliego; el verdín; la canela.
A veces un aroma delgado como de agua,
como de nube o lluvia; a veces un violento
perfume que recuerda la piel de una gacela,
el sudor y la sangre de un animal en celo.
Pero siempre, al final, la vainilla, el espliego...
III -De la visita
Para tus ojos.
Para tus ojos fieramente abiertos.
Para tus ojos fijos.
Para tus ojos con caudal de fiebre.
Para tus ojos grandes.
Una orquídea de carne voluptuosa
para tus ojos ávidos
con vocación de abejas.
IV -Del gusto
Hay sal sobre los labios. En la lengua,
un resto de naufragios y sirenas,
tal vez algas, y el gusto de los fondos
espumosos y verdes del océano.
El sexo siempre sabe a mar de invierno,
a galernas en medio de la noche.
V -Del oído
Se levanta tu voz, se enrosca y se estremece,
serpiente y remolino, se enzarza en mis cabellos,
sube aún, se engrandece, se enajena en rugido
y pierde la noción del trino o la palabra.
Eres otro en tu voz. No conozco a ese hombre
que grita en el placer, delicioso extranjero
que habla lenguas angélicas en una cama impura.
De "Alcoba del agua" 2002
Odiando estos Tiempos
domingo, 8 de enero de 2012
Nota 1
Todos nuestros miedos tienen un origen desconocido. Yo he decidido encontrar paso a paso los míos; Uno de ellos la avaricia por el juego y el mar. Mi búsqueda empieza por delimitar mis pensamientos, me refugio en la meditación como mecanismo para viajar dentro de mi ser, aquellas vidas que he recorrido y me han marcado, y Me han llevado a vivir la presente. Estas son solo unas notas sobre mis viajes internos.
Vigilante y neurótica, mi alma se asoma al abismo donde encuentro pasajes a mundos alternos. Viajando por la densa arena hallo un muelle, recostado a él una canoa; Su capitán invita a subir un tierno niño de 14 años terrenales, dentro de su alma milenios universales. Subo a ella, mi piel se hace una con la madera húmeda de aquella vieja canoa, nos adentramos en el pantano, arboles, peces y cangrejos los únicos habitantes, las aves se zambullen en el agua turbia de aquella ciénaga. Finalmente arribamos mi pequeño chofer mal oliente y yo a una gran casa, me señala un camino, allí hallare las respuestas a mis miedos.
La casa una joya en su tiempo, seguro construida alrededor de los años 20; Se encuentra ahora en ruinas gobernada por la naturaleza, sus ventanas, puertas rotas y rejas carcomidas por la sal del mar. La costa golpea contra un extremo, posee un gran salón de eventos, un bar y un par de habitaciones donde solo rondan serpientes y cangrejos. Cierro los ojos vuelvo en mí, pero algo parece halarme hacia ese lugar, regreso y aquella casa cobra vida.
Veo mí ser reflejado en una ventana, soy un varón de unos 40 y tantos años vestido de smoking. De repente soy sorprendido por unos brazos alrededor de mi cuello y unos labios que roban mi aliento; Una hermosa mujer rubia alta de singular sonrisa me toma de la mano y me conduce a una mesa de póker, a lo lejos unas niñas bailan y saltan, corren y se abalanzan contra mí, asumo que son mis hijas, las cargo y beso.
Me sorprende la orquesta que inicia su tanda, pero sigo el camino el cual la rubia me abre paso.
Inicia el juego, luego de 3 manos de fortuna insisto en seguir la partida, el sol se oculta y las familias empiezan a abandonar el club. Llega la noche, he sido el vencedor aumenta mi fortuna y la alegría me hace beber y comer hasta el cansancio. Mi familia y yo nos disponemos a descansar dejando el restaurante. Vuelvo en mí, abro los ojos y la respiración se entre corta. Me acomodo y prosigo en mi viaje. Regreso justo en el momento de una gran apuesta, desabrocho el cuello de mi camisa y las mangas, retiro mi saco. Sudo y bebo champagne, mi esposa se levanta de mi lado me retira su apoyo. Barajan las cartas y pido una más. Las escrituras del club están en la mesa, el gordinflón bancario a mi lado parece mantener la compostura aunque su deseo por adquirir mi negocio no es un secreto. Respiro y sudo aun mas, en el juego no sabemos cuándo es el momento de parar las apuestas, y ahora estamos a una carta de perder mi gran sueño o ganar mucho más para mí y los míos.
Pagan por ver y estoy perdido, he arruinado en un segundo lo que con muchos años de trabajo construí con mis manos… La locura se apodera de mí, grito y bebo; mi mujer llora en un rincón. Echo a todo el mundo y sin embargo se ríen los demás jugadores, siento que ha sido una trampa. He perdido todo, reviento los espejos, grito a los empleados. Luego de esa estampida de agresividad, todo queda en silencio. Solo quedamos mi esposa y yo. Las niñas fueron despachadas con la familia. Lloro, me golpeo, Ebrio y sin conciencia camino hacia el despacho, y de un cajón del escritorio principal saco un gran revolver, corro hasta el gran salón, tomo a mi esposa la abrazo nos vamos juntos hasta el muelle que da al mar, una gran brisa nos estremece, caminamos hasta el acantilado, beso a esta hermosa dama y deposito en su pecho una de las balas. Lanzo su cuerpo contra la gran marea y da contra las rocas, la sangre mancha el mar. Lágrimas y decepción son todo lo que me queda, tomo con fuerza el revólver y apunto a mi sien. La bala penetra en forma transversal mi cráneo pierdo poco a poco la vista y caigo rápido hacia el mar, las olas fuertes me golpean, me estremecen y contra las rocas vomito mi último bocado de frutos del mar.